La distopía retrata una sociedad en la que el Estado, una corporación u otra institución ha obtenido un control excesivo sobre la vida de las personas. La vigilancia, la censura, la propaganda, la ingeniería social y la supresión de la individualidad suelen ser la base de este mundo.
A diferencia de la ficción postapocalíptica, en la distopía la sociedad normalmente no está destruida. Al contrario, sigue funcionando, a veces incluso de forma aparentemente eficiente. El conflicto central surge entre la persona y el sistema que decide cómo debe vivir, pensar y actuar.